LA ENIGMÁTICA CULTURA MEGALÍTICA DEL PERÚ

Cuando nos enseñan historia universal en las escuelas, nunca nos hablan de los pre-chinos, o los pre-sumerios, o de los pre-hindúes; es imposible imaginarse a la civilización pre-egipcia. Entonces, ¿por qué nos referimos a los pre-incas con tanta facilidad cuando hablamos de la civilización andina? Porque no los consideramos simplemente como incas o como simplemente andinos. Lógico: como todo pueblo civilizado, debieron haber pasado por momentos particulares de evolución, en los que, en determinado horizonte, destacó un grupo humano o cultura por sobre otra, o alguna creencia, culto, técnica agrícola, etc.

Debemos entender que existió una cultura milenaria en el Perú que, desde muy antiguo, compartió creencias comunes con otros pueblos distantes del mismo Tahuantinsuyo; convencionalismos que se heredaron en el tiempo y que constituyeron los más altos principios civilizadores andinos, únicos, y que germinaron en gran parte de Sudamérica. Tomemos como ejemplo al “Dios de las Varas” o Huiracocha. Se ha encontrado evidencia de su existencia desde la cultura Caral o Sechín, remontándose al 3500 a. C. El Dios Oculado aparece en los antiguos geoglifos de Paracas y Nasca; en Bolivia (Alto Perú) se le encuentra en la Portada del Sol en Tiahuanaco. Existe incluso presencia del dios civilizador en Chile, con el Gigante de Atacama, en pleno desierto. Como vemos, es un culto muy extendido en tiempo y espacio.

Otro elemento no menos importante es la figura de la Chakana o Pata Pata. Hace unos meses, cerca de Lima, encontraron un friso con una Chakana que tendría cerca de cuatro mil años de antigüedad, siendo la más arcaica encontrada en Sudamérica. Igualmente, la hallamos presente en la cultura Caral. La Chakana fue muy respetada y entendida por parte de los Incas, integrada en su arquitectura, textilería, agricultura, calendarios y ritos.

Como último ejemplo tomemos a los quipus. Se sabe que su uso se extendió por todo el Perú antiguo y que diversas culturas los utilizaron. Por ejemplo, en el 2005, se encontró en el Edificio Piramidal, La Galería de Caral, y su antigüedad se estima en unos 4 500 años (alrededor de 2500 a. C.), lo que lo convierte en el más antiguo hasta ahora registrado en el continente. Este quipu fue descubierto junto a ofrendas ceremoniales en el sitio arqueológico y su presencia indica que conceptos de contabilidad o registro tenían raíces muy antiguas en las sociedades andinas, mucho antes de la época incaica. Muy probablemente, su uso se complejizó al punto de que se desarrolló un tipo de escritura para comunicar y trasladar a las nuevas generaciones relatos sobre la vida en el Tahuantinsuyo y sus gobernantes, hay abundantes pruebas de ello referidas en las crónicas.

Gran parte de las historias que fueron recogidas por los cronistas españoles del tiempo de la conquista fueron entregadas por los quipucamayoc, quienes eran los encargados de codificar y traducir su contenido.

Conceptos como la reciprocidad, el culto a los Apus, el valor de la ecología, la importancia del trabajo y la justicia social, incluso la arquitectura orgánica, se hacen presentes desde Machu Picchu hasta Caral. Existen desde hace milenios y sobreviven estas evidencias hasta nuestros días.

Pero lo que nos llama la atención es, por ejemplo, la presencia de algunas raíces quechuas en idiomas mucho más antiguos. Asimismo, pasa con el aimara y otros idiomas de América, raíces que se encuentran en el etrusco antiguo, por citar un ejemplo. ¿Eso significa que nuestros idiomas se popularizaron en el mundo antiguo? ¿Pero cómo es esto posible? Llegados a este punto, es fácil notar que actualmente existe un error en la cronología de la aparición de las culturas peruanas.

Por ejemplo, cuando hablamos de la cultura Tiahuanaco, encontramos notorias diferencias entre la cronología oficial y las propuestas antiguas. Según la arqueología académica contemporánea, Tiahuanaco pertenece al Horizonte Medio andino y su desarrollo comenzó hacia los siglos I–II d. C., alcanzando su apogeo entre 500 y 900 d. C., y extendiéndose su influencia hasta aproximadamente el 1000 d. C. Estas fechas se basan en dataciones modernas de radiocarbono, cerámica y estratigrafía, lo que ha permitido ubicar su origen dentro de la secuencia cultural andina conocida.

Aunque la contradicción más grande la daría su máximo explorador, el austriaco Arthur Posnansky (según sus investigaciones iniciadas a comienzos del siglo XX), al datarla, según observaciones astronómicas y científicas, dentro de los 15 000 a 17 000 años en el pasado. Posnansky decía que Tiahuanaco habría sido construido mucho antes que cualquier otra civilización en el mundo y que su cultura fue la base de todas las civilizaciones posteriores.

Y es que esta datación estaría de acuerdo con la presencia de grandes edificaciones megalíticas encontradas en todo el mundo: desde México en nuestro continente, pasando por Europa, África, India e incluso Asia.

Pero aún hay más por descubrir en las ciudades perdidas de la selva, donde también hay estructuras megalíticas de cortes perfectos, lo que comúnmente llamamos arquitectura inca imperial. Me pregunto cuántas “culturas” más nos falta por descubrir, cuántas quedaron escondidas debajo del follaje de la agreste selva, que otrora fue el terreno del afloramiento de la civilización americana; cuántas ciudades han sido tragadas por huaicos o diluvios universales en nuestro proceso civilizador, de cuántas nunca nos llegarán noticias. ¿Cuál fue el ensayo y error necesarios para lograr la perfección alcanzada y presente en las estructuras megalíticas que se hallan en Tiahuanaco y Cusco?

De toda el área megalítica existente en el mundo, ¿por qué el 80 % se concentra en el Tahuantinsuyo, en el Cusco para ser exactos? Esto debe significar algo. ¿Es que acaso el Jardín del Edén estuvo en el Perú? ¿Es Machu Picchu más antiguo de lo que nos han contado? ¿Es el famoso Olimpo de los dioses? Como dice el autor de Parawayso, Jesús Gamarra.

Ya empezaron a encontrar presencia de homínidos en América, pero estos estudios no tienen mayor difusión. Nuevamente, estos descubrimientos ponen en entredicho el origen del hombre en el mundo y, por qué no, hasta la evolución de las especies. Tal vez existió un hombre andino del que no nos han contado. ¿Existieron entonces diversas culturas preincas o estamos hablando de una sola cultura madre? ¿Se trata acaso de los Incas Paleolíticos?

Y es que este tipo de relatos los encontramos en las crónicas proscritas por los historiadores oficiales. Todo aquello que discuta con la hegemonía de las corrientes aceptadas es eliminado de los textos de historia. Ya tenemos un claro ejemplo con la crónica de Fernando de Montesinos, quien se atrevió a transmitirnos una larga lista de reyes incas que nos hablan de milenios de existencia de esta antiquísima cultura andina.

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